La Virgen de la Altagracia no es solo una imagen sagrada; es el símbolo vivo de la fe del pueblo dominicano, la madre espiritual que une generaciones, fortalece la esperanza y acompaña cada paso de nuestra historia como nación.
Hoy, desde Higüey, su casa y corazón espiritual, miles de dominicanos elevaron sus oraciones en una solemne eucaristía, reafirmando una tradición que trasciende el tiempo y permanece firme en la fe, el amor y la devoción de nuestro pueblo.
En este espacio de recogimiento y gratitud, el presidente de la Comisión Presidencial de Apoyo al Desarrollo Barrial (CPADB), Rolfi Rojas, participó junto a autoridades civiles y religiosas, acompañando al pueblo en un acto de profunda significación espiritual, donde la fe se convierte en fortaleza y la unidad en esperanza.
Honrar a la Virgen de la Altagracia es honrar nuestras raíces, nuestra identidad y nuestra historia, reafirmando la confianza inquebrantable de que, con fe y compromiso, seguimos construyendo un país más humano, solidario y justo, bajo la protección amorosa de nuestra madre espiritual.



